ALAJUELITA: UNA COMUNIDAD QUE AGONIZA

Estamos en las manos del crimen organizado. Salimos a nuestros trabajos, escuelas, deberes, cada día, sin saber si volveremos a nuestras casas en la noche. Los niños ya no juegan en paz en las calles. Las madres asustadas caminan rápidamente hacia las escuelas a recoger a sus hijos; regresan a casa, con premura, cual presa asechada por un depredador espontáneo. No hay certeza, ni seguridad. Ningún medio de transporte es seguro, tal grande es el temor. Si andas en bus o en taxi, en cualquier momento te saluda un tiroteo repentino. Si viajas en un automóvil moderno, te podrían confundir con uno de sus enemigos. Si viajas en motocicleta, te podrían confundir con un burro del bando contrario. No es paranoia. Es la realidad actual de Alajuelita.

Siempre, con el pasar de los años, se ha tenido bajo un estereotipo a esta comunidad. Infortunadamente, ha sido así gracias a la mala fama granjeada por las constantes balaceras, asesinatos, asaltos, y demás, que han ocurrido dentro de nuestro pedazo de Costa Rica.

Existen muchas razones sociales, económicas y geográficas, incluso políticas, por las cuales nuestro cantón ha crecido siendo el tan temido “barrio del sur”. Sin embargo, una de mis intenciones no es sacar a relucir los trapos sucios de nuestra historia, sino informar sobre la cara positiva que me gustaría que el mundo leyera, además de clamar públicamente por acciones ante la problemática que nos aqueja.

Este es un cantón de grandes legados, que muere lentamente en manos del crimen organizado, el narco y la drogadicción.

El día de ayer, justamente, falleció uno de esos hijos predilectos de nuestro cantón, el músico Otto Vargas. A sus 89 años, nos deja para que su música y composiciones se conviertan en todo un legado cultural del siglo XX costarricense. Su música enamoró durante décadas a cientos de parejas que ayudaron a nutrir a nuestro país de jóvenes emprendedores y luchadores. Su legado musical trascendió aquella tarima de los festejos patronales alajueliteños para convertirse en una joya nacional, de ritmos y sonidos de antaño, que nos remontan a una Costa Rica más limpia, más pura y cada vez más inalcanzable.

Por otra parte, durante años recientes, Alajuelita ha sido un semillero de múltiples talentos nacionales, que, al igual que Otto Vargas, han aportado grandemente a nuestra cultura, nuestros deportes y nuestro desarrollo económico, social y educativo. Músicos como Cristian Gómez (Tapón), su hermano mismo, Gonín, futbolistas como Bryan Ruiz, su hermano, los hermanos Bennett, entre otros, también han nacido bajo los cielos de este cantón y han hecho un aporte significativo con su desempeño diario a nivel nacional e internacional. Asimismo, estoy seguro de que muchas personas de esta comunidad se esfuerzan día con día para sobresalir: personas que mediante mucho trabajo honesto han llegado a ser grandes profesionales, desempeñándose día con día en sus puestos, sacando adelante grandes compañías trasnacionales, fundando pequeñas y medianas empresas, aferrándose a un sueño.

Sueño que muchas veces es huir de su cantón, huir porque no es un buen lugar para vivir, para tener una buena calidad de vida, en sus condiciones actuales. Esto, definitivamente, es lo más lamentable de la situación.

No es calidad de vida ser despertado, a media noche, por un tiroteo cercano, sirenas de policía, gritos… No es calidad de vida vivir atemorizados por un grupo de narcotraficantes que amenazan a las vecindades si los denuncian. No es calidad de vida no tener un parque de juegos decente en el cual los niños puedan divertirse en las tardes, ya que son tomados por los delincuentes como zonas de operación o porque simplemente no existen. No es calidad de vida ir por la calle pensando que en cualquier momento te puede alcanzar una bala perdida. No es calidad de vida vivir pensando que tus hijos, sobrinos, nietos, hermanos, podrían involucrarse en situaciones ilícitas que están a la vuelta de la esquina o en adicciones execrables. No es calidad de vida, sin duda, saber que vives inmerso en este ambiente y no tener certeza de si realmente a las autoridades nacionales les interesa este pequeño pedazo de tierra, en el que vivimos más de 20 mil costarricenses, hacinados, porque también las autoridades así lo decidieron.

En lo que va del año, siete personas han sido asesinadas en este cantón. La situación del narco se pone peor cada día que pasa. Concepción, Tejarcillos, La Aurora, San Josecito y San Felipe parecen tomados por el hampa, por los narcos, por las drogas. A veces sentimos como si estuviéramos viviendo una de esas telenovelas narco que transmiten en TV, con cárteles organizados a la par de tu casa, con burros motorizados, vehículos polarizados, cámaras de vigilancia en sus cuarteles e incluso helipuertos en la montaña. No pretendo tampoco atribuir al narco todos estos asesinatos, ya que desgraciadamente siempre han sucedido, pero nunca en tan gran medida. Lo cierto es que, de unos años para acá, la situación ha cambiado demasiado, para mal. ¿En qué lugar se ha visto que a una escuela la rodeen de una muralla cual fortín para evitar la venta de drogas a los niños?

Extrañamos aquella Alajuelita de sanos y pacíficos festejos patronales, las peregrinaciones hasta nuestro Santuario Nacional en total armonía y tranquilidad, nuestras excursiones a la cima del Cerro San Miguel a la Cruz de Alajuelita, nuestro parque, en donde otrora los jóvenes jugaran en paz al futbol sin vicios acechantes, nuestros barrios, alegres y familiares, adornados por música reggae y niños en las calles, nuestras tardes de chinchiví en el parque, nuestras escuelas y colegios libres de amenazas perversas de drogadicción y alcoholismo, nuestra Alajuelita, Alajuelita, comunidad sedienta de prosperidad y atención por parte de los gobernantes.

Queremos acciones, autoridades, queremos mano dura en contra de los criminales. Queremos mejor educación. Queremos mejores condiciones de vida. Queremos paz, paz, paz… sobre todo, paz.

 

NOTA: Lo aquí dicho y expresado es meramente una opinión personal, que dista mucho de contener alguna información consciente sobre actividades actual y puntualmente ilícitas de mi comunidad.

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