Las olas

Hoy les he venido a entregar un mensaje de ánimo y positivismo. Ojalá que al leerlo, puedan reflexionar en si están siendo un gran navío, un gran surfista o un bote a la deriva que no tiene un destino claro.

Me ha demostrado la vida que, así como las olas vienen y van, así mismo vienen las oportunidades; que tal como el surfista debe remontar a las olas para derrotarlas, así mismo hemos de saber aprovecharlas. No obstante, si este tablista no hace bien su trabajo o es muy inexperto, su ola simplemente se aleja o en algunos casos incluso lo derriba.

Y es que, a veces, y sólo a veces, ciertas oportunidades pueden no ser suficientemente claras, como algunas olas que a la distancia parecen gigantes pero se achican y pierden su ímpetu al acercarse a la costa. Este factor puede influir de manera significativa en el desempeño de este fiero deportista, debido a la incertidumbre y a la lucha que debe dar, una lucha incansable. Y ¿qué pasa si el surfista cae? Una de dos, o se frustra o se arrepiente. Se frustra al verse derrotado; se arrepiente de no haberlo hecho mejor.

Está más claro que el agua de una playa virgen o que el agua de un pozo cristalino en lo alto de un verdiblanco cerro alpino. Hay que saber montar sobre esas olas; saber cómo controlarlas; saber romper las barreras y no permitir que las olas nos vuelquen, sino diezmarlas a ellas. ¿Qué sucede cuando la ola es tan distante que no se conoce si vendrá pronta, lerda, peligrosa, gigante o pequeña? Simple, esperemos a que la ola esté más cerca, analicemos bien la movida y lancémonos al agua finalmente. Pero, como advertencia, debemos estar seguros de que tendremos el control absoluto sobre esa ola en todo momento, incluso si la movida no resulta tal y cómo lo calculábamos. ¿Que la ola se apartó, se achicó, perdió su fuerza, retrocedió y nos dejó flotando en un mar de inseguridad y vacilación? ¡Bien! Suspiremos y miremos al horizonte; tratemos de vislumbrar el nuevo sol naciente, aunque este esté muy lejos, en algún lugar distante de nuestro mundo. Ya que, a pesar de que el sol esté distante, y a pesar de que en nuestra vida haya ocaso, siempre habrá un nuevo amanecer en todo momento en nuestro cíclico y confuso mundo, empero hermoso y siempre lleno de olas mundo.

Y, en caso de que hayamos vencido a la ola, ¡enhorabuena! Sigamos adelante rompiendo muchas más olas, más que cualquier surfista, más que cualquier gran navío. Y seamos, entonces, la más imponente fragata real, llena de tesoros benditos, mas siempre recordando que el tesoro es voluble, y que tal tesoro es codiciado por piratas, ¡oh tesoros venidos de las olas! ¡Oh tesoros con olor a sal y miel!

Y por último, siempre sepamos gratificar toda victoria y toda hazaña realizada, porque nosotros, si bien podemos ser un experto surfista o un navío real, nos movemos porque hay alguien detrás de cada uno de nuestros movimientos, de nuestras olas, de nuestro océano… Sea el destino, Dios, el universo, o incluso las estrellas. Sea en lo que sea que creas, así sea en ti mismo, siempre agradece o agradécete por toda y cada una de tus metas alcanzadas.

 

De mi autoría (22 de marzo de 2015) – Modificado (07 de abril de 2016)

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